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Opinión - Juan Marcelo
(La Regadera) - 28/09/2021

POR NARICES

Hay grandes mentirosos en nuestro País. Son tan dispersos e indistintos en el arte del mentir que crean escuela y Seminarios

Almeria 24h
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POR NARICES


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Un estudio realizado por la Universidad de Villanueva del Trabuco, concluye que cuando una persona miente, aumenta el tamaño de su nariz. (No especifica si la nariz, en el embustero compulsivo, llega antes que el) El estudio, apunta que el mentir “sube la esquina interna de los ojos y provoca cambios en la estructura del cerebro”. Los investigadores, que han llamado a este cambio térmico, “Efecto Pinocho”, han aplicado la “técnica de la termografía para desarrollar dicho estudio”.

El estudio no cuenta con muestras o cuotas de participación. Nivel de representatividad. Procedimiento o trabajo de campo. Tampoco calidad e índole de las personas que hayan posibilitado y de cierta viabilidad al estudio. (Quizás la muestra la hayan hecho entre ellos y más de uno se haya quedado sin empleo).

Insisto en la técnica y practica que rodea toda investigación. En el caso que nos ocupa; no figuran datos de personas a quienes se halla practicado las pruebas.

Hay grandes mentirosos en nuestro País. Son tan dispersos e indistintos en el arte del mentir que crean escuela y Seminarios. Se rodean de una áurea de dignidad y respeto que el sincero, honesto y decente siempre estaría, a su lado, desfasado. Es más fácil y cómodo, secundar las palabras de un mentiroso que al que está en posesión de la verdad ya que ello conlleva enjaular nuestro pensamiento antes que emprenda el vuelo. No nos podemos permitir, para comprender, hacer de nuestras conclusiones una olla a presión. Con el mentiroso con no creerlo, es suficiente y a veces; hasta conveniente.

Botones de muestra hay muchos, pero este se lleva la palma y encima, la pasta.

Siento vivos deseos de saber si en la muestra estaba incluido Francisco Correa.

Este Ali-Baba de nuestro tiempo muy cuidadoso y respetuoso en asumir nuevos tiempos en cambiar la babucha por la corbata de seda. Este incomprendido y genuino gran profeta que ha hecho de la mentira un arte en sentar cátedra y asignatura pendiente a otros mediocres y vulgares mentirosos. Hombre de incontables recursos oratorios y adalid del camuflaje dialéctico. Posiblemente a él, curtidos en mil batallas, ya no le crece la nariz, aunque si se atusa su bien recortada barba blanca de los que le observamos a diario sentado en un banquillo y no en un Banco como prometió a sus compinches La fuente térmica que alude el estudio, se queda inmunizada en este senil varón que hasta ha cambiado la dirección de la irradiación. A más mentiras…, más declaraciones contradictorias que genera su cerebro dejando a su nariz impoluta y libre de cualquier resorte magnético. Posiblemente, le crezca otra cosa y no precisamente las uñas de los pies.

Eso también lo omite el estudio. Al que hace de la mentira su condición vivencial. La propagación de esa termografía en los “caras duras” en otras partes de su cuerpo. El desarrollo de una propuesta mentirosa con las manos en los bolsillos, indolente a que sea creído o no. El pasota “mentiril”

La mentira piadosa tampoco está contemplada es ese estudio. Esa mentira con que se quiere simplificar y hacer más leve el dolor de los demás y que a la larga, se fracasa en el intento. (Un laborioso trabajo realizado por la Fundación de Amigos de la Maceta en el Coco, asevera sobre el tema que, en la mentira piadosa, el autor solo observa un ligero picor en sus fosas nasales y pone de ejemplo a Díaz Ferrán y al alcalde de Sabadell).

Después tenemos la mentira etérea. Esa “mentirijillas” a veces inocente, ingenuas que se dicen con el simple deseo de ser protagonista de algo. Ser centro de atención o erigirse estrella de una conversación. Esos pseudos-embusteros que pierden oratoria en un coloquio amigable e intenta recuperarlo, aunque para ello fomente en discusión de convencer a los demás que fue vecino de Otelo varios años.

Por último, tenemos que aludir a los que mienten por necesidad, “razones de estado” o pactos de proclamas. Es muy posible que, si la Universidad de Villanueva se hubiera adentrado en los confines de nuestro Parlamento para el muestreo, los investigadores de dicha Universidad habrían decidido declarar nula la investigación o proceder a otros campos sociales de sondeos menos comprometidos.

Hubieran quedado, nunca mejor dicho, con un palmo de narices; cuando observaran el rostro de nuestros representantes y sacaran la conclusión que la mayoría de ellos, tras muchos años de poder legislativo, acuerdos socavados, ocultamientos polémicos, arreglos internos, extraños compañeros de cama y solapadas declaraciones a la masa social, gozaban de buen perfil nasal. Santo y seña que, al estudio de estos investigadores granadinos, les faltaba un resquicio, una rendija que complete y de cierta creencia divulgativa al inconcluso estudio. Esa fuente hubiera bastado para darle rotunda fiabilidad a la inconclusa investigación.

No es serio y resulta harto aventurado divulgar dicho estudio así…, por narices.



Juan Marcelo




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