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Opinión - Juan Marcelo
(La Regadera) - 05/06/2022

EL DOCTOR JUNTENTHON REKLINGHAUSEN

El paciente, con cierta impaciencia, permanecía sentado en un butacón mirando -como aconsejó el doctor –y sin apartar la vista del botijo

Almeria 24h
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EL DOCTOR JUNTENTHON REKLINGHAUSEN


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La clínica del doctor austriaco Juntenthon Reklinghausen, - estudioso y emérito ejemplar austriaco reconocido por su aplaudido y renombrado tratado de “Cómo pasar de ser un verdadero imbécil y buscar acomodo en la estupidez” se hallaba ubicada en lo alto de un conocido desfiladero de la Sierra de Cazorla. Dedicado desde muchos años al estudio de la mente humana y especialista en hacer eliminar los malos momentos sufrido por la mente humana tales como fracasos y frustraciones malogradas por secuencias personales de la vivencia. Oportunidades perdidas y continuas metedura de patas que engendramos a lo largo de nuestra vida y que necesitamos olvidar y no hay manera porque siempre están presente y nos atormenta la vida.

Dicho doctor, con métodos rudimentales y ancestrales tales como que no aparten la mirada sin pestañear el paciente en un botijo colocado en una mesa para estudiar su composición y manejo, alejaba del cerebro hechos malignos: casos y secuencias tenebrosas que seguían anclada y que no había forma de desecharlas del tarro. Que permanecía almacenada en ese cerebro y siempre las alumbraba usurpando a momento gratos y amenos. Recuerdos; vivencias nefastas y tristes. Acciones malogradas de tu vida para poder despejarla y que te quede simplemente con los buenos recuerdos. Oportunidades perdidas. En suma: se trataba de exiliar de la mente secuencias nada gratas de actos que te denigran a través del tiempo y que no paras de recordar para prohibirlas e intentar por todos los medios que no permanezcan en tu memoria. “Aquella vez que ignoraste la función de un volante en tu coche y lo empotraste con la puerta de un Psiquiátrico...”

El paciente, con cierta impaciencia, permanecía sentado en un butacón mirando -como aconsejó el doctor –y sin apartar la vista del botijo mientras el galeno se hallaba sentado en su mesa revisando un polvoriento antiguo ejemplar del periódico fascista “Arriba” Cada diez segundo, miraba de reojo al paciente por temor a que desviara la vista de dicho botijo.

Caducado el tiempo prudencial del acto que nos ocupa, el Doctor se levantó aconsejando al paciente que todavía no apartara la vista y rápidamente le cambió el botijo y puso en su lugar un embudo

- Son cinco minutos solamente – le previno el doctor – Después, pasaremos a explorar mediante unos cables prestados por la Emisora COPE, con Herrera en cabeza, el estado de su cerebro a ver si confirmamos un diagnóstico fiable siempre equiparable al presentador.

Una vez levantados los dos, similar a prietas las filas, el doctor llamó a la enfermera Macarena, de inédito domicilio, y ordeno que el paciente fuera conducido a la sala que él llamaba pomposamente el Nido de Águilas.

Bajo un estricto examen a través de preguntas tales como si su tratamiento ha logrado superar parte de sus malos recuerdos y encontrara en su cerebro nuevos derroteros satisfactorios que le condujeran a ver la vida de otra manera, el paciente le contesto con cierto agrado de satisfacción que si: que se siente mucho mejor y ha olvidado su participación en contra de los Derechos Humanos; desarmar la manifestación del aborto y la igualdad. A apalear a los Colectivos Homosexuales. A participar en el atentado a poner una bomba fallida en la cola del INEM. A electrificar el paso del Estrecho de Gibraltar. A mandar mensajes tóxicos para favorecer a la ultra derecha. Quemar camiones en plena huelga y organizar el caos echándole la culpa a los antis -sistemas. Deteriorar y derrumbar al gobierno y sus aliados comunistas…, sólo queda – añadió compungido, como arrepentido - en mi cabeza hacer el bien, la solidaridad, el buen ejemplo con los ciudadanos, el pensamiento libre y el respeto a quien no opina igual que yo.

El doctor, Reklinghausen, reclinó su cabeza sobre la mesa sin dejar de mirar fijamente a su paciente. Un sudor frío, gélido, glacial, y otras cosas muy frías perlaba su frente. (Siempre me ha gustado esta frase) y segundos después, llamó a su enfermera con cierta impaciencia:

- ¡Señora o señorita Olona! - barruntó el insigne - ¿Dónde se encuentra usted? ¡A este paso no se si usted es casada, viuda, soltera o monja – lleve al paciente a la habitación 1939 y elimine el embudo y el botijo! Ha surgido el efecto contrario: Es un caso urgente. Algo ha fallado. ¡Hemos eliminado del paciente según datos de evaluación de su cerebro un 80% de ignorancia y un 20% de oscurantismo!

- Perdón doctor con mi tardanza en contestar – exclamo Macarena nerviosa y azorada - Estaba actualizando mi empadronamiento como último reducto que me queda en Villanueva del Trabuco. Al paciente ¿Qué le ponemos para que nos vote en estas Elecciones?, ¿Una regadera…?


Juan Marcelo




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