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Opinión - Juan Marcelo
(La Regadera) - 29/11/2020

REGALO DE NAVIDAD

No hay día que no aparezcan “normales” jóvenes en una casa haciendo botellón o fiestas clandestinas

Almeria 24h
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REGALO DE NAVIDAD


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Las alegrías duran poco en casa del pobre y un ambiente tenebroso se apodera de España con el anuncio de que la Navidad va a ser oscura, gélida, impersonal y temerosa cuyo recurso más significativo sería el de la bata de casa, el chándal “Adidos” adquirido en un mercadillo o el recuerdo de nuestra gente que no se puedan desplazar.

Con las cadenas horarias a los bares, restaurantes y comercios, sospecho que empezaremos –como ya escribí hace un siglo - a comprobar que, debajo de las mascarillas, empiezan a asomar malares más prominentes como las stars actrices/actores de Hollywood. Los movimientos abandonarán la sutil armonía para aparentar autómatas de movimientos surrealistas. Los ojos perderán expresión y presumiremos que no existe ya - bajo el trapo - sonrisa alguna. La desconfianza se apoderará cuando nos crucemos con los semejantes o similares, Los seres, lejos de su condición de ciudadanos, serán súbitos de los presentimientos.

Los gilipollas de turno bajo el icono de la irresponsabilidad que hace que nuestro carácter, simpático alegre y confiado se torne en la desconfianza y prevención. Otrora templos del ocio serán lugares parduzcos, inhóspitos, dejados, quebrados, sombríos…, ese carácter jovial tan hispano, definitivamente se corta y mediatiza y nos hace ser severo, insensible e inaccesible a la sociabilidad acostumbrada.

Algún día, despertaremos y pensaremos si ha sido una pesadilla o Santiago Abascal siga empeñado en cerrar España con sus ideas neo-nazi y entonces, "Habrá un día en que todos, al levantar la vista, quizás temamos salir o saludar al vecino y los muertos vivientes - que seremos nosotros - reinaran por los siglos de los siglos” (Parábola del beato y Santo Varón, Juan Marcelo, en su diáspora por los Puti-Club del Sinaí) No hay día que no aparezcan “normales” jóvenes en una casa haciendo botellón o fiestas clandestinas.

Parece ser que no nos enteramos de la cruda realidad aun embutido en mi realidad de que nunca pasa nada. Que si queréis bailar, lo podríais hacer cuando todo acabe, en señal de triunfo, y entonces seré yo el primero en bailar, aunque me saquen de la pista a empujones y me vea en un Juzgado de Guardia por activar mi impúdico baile como la última vez en una boda en la Puerta de Europa. En mi época de estudiante con algo de futuro preconizado por mi profesor favorito, Cojonciano Ceropelotéz, y luego en mi camino a profesor de nada, me inculcó que en cualquier democracia que se precie había tres poderes los cuales eran independientes entre sí. Estos poderes eran: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Ahora, a día de hoy en mi país, parece que estos poderes se mezclan, se politizan, se marcan y hasta se modifican al gusto y a la carta de unos y otros que es como asistir a un banquete invitado por un matrimonio divorciado.

Por otro lado, mi país es realmente sorprendente y sus políticos, en su gran mayoría, son ciertamente prodigiosos acostumbrados a manejos de mensajes pasmosos. Ver una sesión del parlamento español es como ver cierto camarote donde el acuerdo no llegaba hasta que se fuera el barco a pique. Cierto nivel dialectico que haría las delicias de fenecido Antonio Ozores. El nivel que demuestran, ya lo manifestaba Torrebruno en su época donde no se le entendía nada y ya para más inri, la pandemia sigue aquí y siguen creciendo los contagios y muertes. Se confinan territorios. Hay enfrentamientos entre Comunidades Autónomas y Gobierno Central. Pasa el tiempo y nos encontramos con una segunda ola pandémica tanto a nivel social como sanitario y los gilipollas del jolgorio no se reciclan contaminando la mortal jarana a los demás.

Por otra parte, somos así: una sociedad que se pasa las normas por el forro de las cuestiones y algún que otro útero…, que no sabe unirse y tener una solidaridad verdadera para con los otros. Estamos ante un reto sanitario que va a repercutir y de hecho ya lo está haciendo en la economía de nuestro País, de Europa y del mundo, “Una simple vacuna contra la imbecilidad, sería un completo revulsivo antídoto” sentencia el decano de la Universidad de Villanueva del Trabuco, Don Inminente Hecatombe. Después de esto, reitero que no pasa nada. Nunca pasa nada que nos pueda sorprender porque nos conocemos: Que nosotros, en un mundo que otros crean y dócilmente secundamos, estamos dentro de la normalidad: Brazos inertes y la incertidumbre y sumisión por el bien común acompañada de cierta resignación propensos a lo que decidan nuestras autoridades que curiosa y raramente, esas decisiones no coincide con algunos idiotas porque les impiden el hábito y practica de opciones anormales.

Juan Marcelo




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