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Cultura - Almería - 25/10/2020

Gasolina. Capítulos 5 y 6

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Gasolina. Capítulos 5 y 6


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Capítulo 5. El adoquín

Varios días después, el señor Pablo estaba aún más enfadado y me dijo mirándome fijamente a la cara que en cuanto apareciese ese hombre de negro por casa de mis vecinas se lo llevara a la gasolinera “Por las buenas o por las malas”, me repitió varias veces. Al decirlo expulsaba saliva y eso no me gustó. Una noche en la que yo ya estaba durmiendo me despertaron unos gritos. Llamé a la puerta de mis vecinas y ahí estaba él, tenía sujeta a Andrea por el cuello contra la pared. Me dio vergüenza entrar para no molestarle, porque mi padre me enseño que es de mala educación inmiscuirse en un asunto que no te concierne, y por eso le dije que saliera a la calle. Aún no sé porqué pero se enfado conmigo y comenzó a gritarme. Yo quería disculparme por haberlo interrumpido pero con sus gritos no me dejaba. Mi padre también me enseño que hay que esperar a que la otra persona se calle para comenzar a hablar. Se dio la vuelta para volver a entrar en la casa y lo agarre del brazo. El señor Pablo se iba a enfadar mucho conmigo si no se lo llevaba. Entonces se abalanzó sobre mí agarrándome del cuello y me tiró al suelo que aún estaba mojado por la lluvia de la tarde. Escuchaba gritar y llorar a mis vecinas. Sentía que el aire ya no era capaz de entrar en mis pulmones y todo se iba desvaneciendo. Dejé de resistirme. Estaba dispuesto a morir y realmente tampoco me importaba mucho. Quizá era lo correcto. Un gruñido de Gasolina me hizo abrir los ojos. Le mordió en el brazo y debió de hacerle mucho daño porque aquel hombre gritó como si se lo hubieran cortado. Se levantó y golpeó con fuerza a Gasolina. De una patada la lanzó contra la pared y ella aulló de dolor. Eso me enfadó mucho y me llenó de rabia por dentro. Gasolina si era asunto mío. Cogí un adoquín que estaba suelto en el suelo y le golpee con todas mis fuerzas en la cabeza. Cayó al suelo como un trapo dejando una mancha de sangre que crecía lentamente. Hubo unos segundos en los que el silencio era lo único que se podía respirar. Mis vecinas me miraban aterradas tapándose la boca con la mano. Estaban temblando. << ¿Es vuestro padre? >> Les pregunté << No, claro que no >>. Andrea se acercó y le escupió << Maldito hijo de puta ya no podrás violarme más. Vete al infierno y atrévete a darle por el culo al diablo. A ver si tienes tantos cojones con él >>. Le dio una fuerte patada en la cabeza y volvió a escupirle. No me pareció correcto que se tratara así a una persona que no podía moverse. Les dije que entraran en su casa.

Capítulo 6. Hambre

Aquella noche dejé que Gasolina subiera a la cama, a pesar de que le gustaba restregarse con la basura y olía muy mal. La dejé subir porque estaba muy malherida y además el poco espacio que quedaba libre a los pies de la cama estaba ocupado por aquel cuerpo que no paraba de sangrar. Me acordé de que este hombre le debía dinero al señor Pablo y registré su cartera y los bolsillos. Tenía mucho dinero, más de lo que debía. Guardé en mi bote del dinero lo que sobraba y lo otro lo me lo metí en el bolsillo para dárselo al día siguiente al señor Pablo. Al menos así no me reñiría. Al quitarle la cartera también me di cuenta de que no olía a muerto. Debía estar vivo, así que lo até con fuerza y le tapé la boca para que no gritara. Gasolina y yo necesitábamos descansar.

Por la mañana me dolía mucho la garganta y no podía hablar. La tenía entera morada y Gasolina no se recuperaba. Estaba triste pero salí a darle el dinero al señor Pablo. Mi vecina Andrea estaba fuera fumando, tenía un pañuelo anudado al cuello para taparse las heridas. Se lo quitó y me lo puso a mí. El señor Pablo se sorprendió mucho cuando le di el dinero y me hizo muchas preguntas. Yo quería contarle lo que había pasado, pero como no podía hablar solo le sonreía hasta que dijo “Bueno, quizá será mejor no saberlo y total el dinero ya lo he cobrado”. Regresé al apartamento a cuidar a Gasolina.

A media mañana me entró hambre y busqué comida pero lo único que tenía era pienso. Por un momento pensé en salir a comprar al bar o a la gasolinera pero entonces recordé que no podía hablar. Gasolina y yo comimos pienso pero nos cansamos enseguida, además ella iba a necesitar algo con más energía para recuperarse. Me acerqué al cuerpo de aquel hombre, respiraba y aún no olía a muerto así que cogí un cuchillo grande y afilado que tenía en la cocina y le remangué los pantalones. Lo primero que hice fue separar la piel de la carne de sus pantorrillas. Me quedó a la vista un trozo de carne del que iba a sacar unos buenos filetes. Olía bastante bien. Gasolina desde la cama, se relamía mientras me miraba. Desprendía el mismo olor que la carne de cerdo cuando está muy fresca. Al terminar de cortar el primer trozo se despertó e intentó gritar. Yo lo entendí perfectamente, no tiene que ser muy agradable despertar y ver a alguien sacando filetes de tus piernas. Le lancé el primer trozo a Gasolina y lo cazó en el aire. Resulta curioso la facilidad que tienen los perros para coger cosas al vuelo. Sobre todo si es comida. Para nosotros es mucho más difícil. Le quise comentar esto a él pero al ir a hacerlo me di cuenta de que quizá no era el mejor momento porque yo no podía hablar. Cuando vio que le estaba arrancando trozos de su pierna para dárselos a la perra comenzó a llorar. Nunca hubiera imaginado que un hombre con tanto carácter soltara una sola lágrima por una cosa así. Continué cortando hasta sacar un buen trozo contra el que no pude resistirme y me lo metí en la boca. Estaba bastante bueno, jugoso, pero como le pasa a muchas comidas, su sabor estaba muy por debajo de su olor. Al verme masticar un trozo de su pierna puso esa expresión que ya había visto antes. Me miraba como si yo fuese un monstruo. ¿Y tú? Pensé ¿A cuanta gente has golpeado, violado o matado? Yo solo estoy comiendo y dándole de comer a mi perra. Total, esta pierna a ti ya no te va a hacer falta y nosotros tenemos hambre. La necesitamos y es lo justo. Me miró fijamente hasta que sus ojos se secaron y se volvió a dormir. Pensé que él había tenido una buena idea. Terminamos de comer hasta llegar al hueso y me acurruqué en la cama junto a Gasolina. Los tres dormimos plácidamente hasta el atardecer.

Al despertar noté como la habitación olía diferente. Al acercarme al cuerpo vi a Gasolina chupando y mordisqueando las piernas pero le reñí porque él ya estaba muerto y nosotros no éramos carroñeros. Esperé a que llegara la noche y eché su ropa a un contenedor de basura. Luego busqué en el aparcamiento un camión frigorífico y escondí el cuerpo en el fondo. No me costó casi nada abrirlo. Mi padre me había enseñado a vencer todo tipo de cerraduras, él decía que yo tenía un talento especial para eso. Con catorce años ya era un experto y mi padre se jugaba apuestas con sus amigos que siempre ganaba. Cuando él y yo hacíamos “trabajos” siempre era yo el encargado de abrir todas las cerraduras. Eran los únicos momentos en que mi padre me alababa y me trataba con respeto pero a mí eso daba igual.

Miguel Parra

Capítulo 1 y 2

Capítulo 3 y 4

Capítulo 5 y 6

Capítulo 7 y 8

Capítulo 9, 10 y 11




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