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Opinión - Jesús García Aiz
La Mirada de la Fe - 10/11/2019

POR UNA FE QUE SE HACE CULTURA (II): RUPTURA Y DRAMA

Mediante el mantenimiento de la ruptura, la cultura dominante ha arrinconado a la fe al ámbito de lo privado y de lo festivo, ha secularizado sus valores fundamentales, que ahora son considerados valores puramente humanos, y ha impuesto un tipo de pensamiento y de comportamiento desligado completamente de toda referencia cristiana

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POR UNA FE QUE SE HACE CULTURA (II): RUPTURA Y DRAMA


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La situación actual de las relaciones fe-cultura en la sociedad europea y española contemporánea es el resultado del paso de una cultura dominante cristiana, en la que la fe orientaba todas las formas sociales y culturales («época de cristiandad»), a una cultura dominada por los principios y prácticas de la modernidad, en la que la fe cristiana ha perdido la capacidad de intervención e influencia que la habían caracterizado en siglos anteriores.

El panorama resultante es complejo. Por una parte, advertimos la presencia activa de importantes elementos culturales claramente cristianos, como la celebración de la Navidad y de la Semana Santa, las fiestas patronales, las celebraciones de los sacramentos del bautismo y del matrimonio, la celebración de las exequias y las misas de sufragio por los difuntos. Pero, por otra parte, descubrimos que las zonas del pensamiento y de las acciones han dejado de relacionarse con la fe cristiana. Resulta entonces un cuadro bastante paradójico en el que la fe cristiana permanece sólo como un referente estético, pero sin relación alguna con los centros del pensamiento y de la acción, que son realmente los que configuran y ordenan toda la vida social.

Mediante el mantenimiento de la ruptura, la cultura dominante ha arrinconado a la fe al ámbito de lo privado y de lo festivo, ha secularizado sus valores fundamentales, que ahora son considerados valores puramente humanos, y ha impuesto un tipo de pensamiento y de comportamiento desligado completamente de toda referencia cristiana.

El Papa san Pablo VI, en su exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, se refirió a esta situación con estos términos: «La ruptura entre el Evangelio y la cultura es sin duda el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas».

El pensamiento científico-técnico se ha impuesto como único tipo de pensamiento auténticamente racional y cierto. Esto implica que todo aquello que no se someta al control de la ciencia positiva y de la técnica es considerado como irracional, y, por consiguiente, indigno de una cultura de progreso y de desarrollo. Puesto que el contenido fundamental de la fe cristiana, que es la existencia de Dios y su revelación en Jesucristo, no es científicamente verificable, ésta es considerada como algo completamente desfasado e impropio de la nueva cultura racional y científica.

Así, el pensamiento teológico cristiano es arrojado fuera de los ámbitos científicos y académicos como un tipo de pensamiento tradicional totalmente superado. Es decir, una fe dominada y reducida a simple tradición cultural supone para los católicos la ruptura y el drama de nuestro tiempo.

Jesús García Aiz





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