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Opinión - Juan Marcelo
(La Regadera) - 10/12/2017

MARIJUANA IN MY HEAD (Las denuncias)

"Cambie el concepto de que aquel que se ríe de sus propias ocurrencias, es un imbécil"

Almeria 24h
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MARIJUANA IN MY HEAD   (Las denuncias)


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Dice mí admirado, Manolo Alcántara, ingeniera periodística y malagueño de pro, “que todo va bien por ahora” - que dijo aquel que se tiro desde el piso catorce – y que no tuvo la cortesía de responder como le fueron las cosas en pleno trayecto en su llegada al suelo – (Por lo menos, que responda el porqué se ha hecho eco de la sentencia de Luis Cernuda en “el error de estar vivo”)

Se puede considerar en el apartado de anécdotas de vivencias al uso e inesperadas pero las comparto tal como sucedió: Un piso en Huesca cuyo morador lo ocupo cuando emigro huyendo de los plásticos quemados de Endesa y Holcim en Carboneras sin denuncias de nuestro Consistorio.

En el piso de abajo, en la localidad oscense, una familia de Bolivia compuesta por once miembros cuya gastronomía mas recurrida es la marihuana. Ese humo que despedía, se incrustaba en mis dominios. (Algo así como aspirar los fluidos de Peter Tosh con su “Legalize it” en un concierto y no hablemos de Gregory Isaac con su “Night Nurse” donde no era él, sino, destilación) Baje abajo y toque en la puerta de esa familia. Salió un miembro de la familia de edad indescifrable, pequeño, arrugado y encima, muy feo, -esto último, tiene la propiedad de dejarme sin argumentos - y les amenace con una somera denuncia si el humo de sus exhalaciones y después expulsiones bronquiales penetraba en mi casa. Me dijo que estaban en su casa: Que pagaban un abusivo alquiler y que lo sentía pero que denunciara lo que denunciara, ellos iban a seguir con el cotarro “marihueno” dado que el sueño español, se ha tornado en pesadillas donde el fracaso es sólido y consistente.

Al hacerme cargo de que eran foráneos, me pensé muy mucho acudir a la Justicia para resolver un conflicto casero. (Siempre he sido un defensor de los colectivos marginales. Gentes que buscan un futuro alejando en lo posible la bandera de procedencia y que no es donde se nace sino donde se come) Estuve aguantado no para que ellos dejaran sus hábitos sino para que yo me acostumbrara a ello…, y me acostumbre. Muchas inhalaciones, fue moldeando mis comportamientos de exhibir mi carácter, serio, adusto y rayando en lo insoportable, y empecé a no odiar a gentes que se cruzaban conmigo al salir de mi casa.

Cambie el concepto de que aquel que se ríe de sus propias ocurrencias, es un imbécil. Una conducta amable y siempre con una sonrisa que me hacía sospechar. Lo que antes era desear a la vecinas el protocolario y seco “buenos días,” ahora ya me interesaba por su perro aunque el canino ladre a medianoche. Ese conato de satisfacción, con amplios gestos del deleite al asomarme a un espejo, ya importándome un huevo de que mis cejas tenga un pelillo encanecido, o que mis potenciales varoniles de las entrepiernas, queden vacía de la apostura en que siempre yo accionaba con ternura: Con entendimiento compartido, que quede claro: No quiero que… ¡Vamos!. ¡¡¡No quiero que….!!!

Nunca he tenido amigos en que asimilara un grado de compresión hacia mí; es mi forma de ser, ya que no vislumbro otra conducta más anti-social y traidora por aparentar quien no soy. El último, amigo, me duro 46 días. ¡Lamentable! Arisco, reservado, antisocial e inaguantable, ese humo que invadía mis potestades caseras, tenía la virtud que me llevo a la consideración y comprensión con los demás, todo ello, sin echarme un porro de marihuana reservado en bandolera pero si inhalado su fragancia. (Fragancia tan acentuada que un poco más, con los vapores en ciernes, llegado a Carboneras, le voto a Rajoy, y encima, siendo apoderado de PODEMOS)

Seguía los vapores en mi piso de Huesca que ya no consideraba perniciosos ni nocivos para mi salud y me eduque tanto a ellos hasta tal punto que cuando no fumaban, planeaba otra denuncia por falta de solidaridad. En esa placidez, no pagaba impuestos por estar “pseudo-colocao” Es más: Cuando los inquilinos del piso de abajo se ausentaban, me prepare otra denuncia hacia esa falta de “comunicación”. ¡No hay derecho! - rumiaba mientras preparaba el escrito - Hubo vecinos de la comunidad que se quejaban de unas ramitas que invadían /sobresalían hacia la terraza y les convencí de que era una especie de perejil exótico trepador. (Por lo visto, tal aspiración la aprovechaban y no pasaba desapercibida; me nombraron Presidente Honorífico de la Comunidad de la escalera por mis dotes de “persuasión/convicción”) Lo más extraño que me pareció de esta familia boliviana, es que pagaban menos de electricidad que de comida hasta que vi un sospechoso cable conectado a una farola próxima donde las bombillas, los servicios municipales, la cambiaban cada tres días por que se fundían sin que los operarios mostraran extrañezas ni recelos suspicaces. (Ahora comprendo cómo le llamaban a dichos operarios; los “fumaos”)

No recuerdo si me invadió un conato rebelde hacia la situación o comunicarle mi “plácet” en el “fumeteo” ajeno, pero baje en el ascenso, llame de nuevo a su puerta y me recibió una señora, bajita, con un sombrero que para si lo hubiera querido nuestro Miguel de Unamuno, mostrando una sonrisa encantadora que nada más abrir la puerta, me espeto: ¿Qué? ¡Otra denuncia? ¿Otro arrebato cívico o de urbanidad? ¿Gilipolleces a espuertas?

Me dejo desarmado, por lo tanto, no tuve más remedio que confesarle de que si: Que me he propuesto una nueva denuncia pero esta vez, cambiamos el posible motivo de modo de que si no me agregáis en vuestro grupo, la denuncia va “pa lante”.

De vueltas a Carboneras, era un deber inexcusable el no despedirme de ellos. En el transcurro de 13 días, no he sentido un placer, que no sabía que estaba escondido o nunca ha dado muestra de que estar ahí…, de ser tan complaciente, educado, respetuoso, y considerado con los demás.

Ahora, muestro todo esto simplemente por condicionantes vivenciales donde es más fácil acogerte a la afabilidad y cortesía con otros a los que observas a diario y que no necesitas un ambiente ni paredes impregnadas en compuestos químicos para la comprensión humana, sin embargo a fuer de ser sincero, estoy deseando ir a Huesca y plantar una denuncia de caza y captura a este colectivo boliviano porque seguramente, no estarán…, asumiendo mi frustración de no haberme fugado con ellos. (*)

Juan Marcelo

(*) ¿Os imagináis este escrito publicado en ABC? Pues eso…me excomulgan y a no dudar, “mi confesor espiritual, el Cardenal Rouco Valera” se hará cargo de mi penitencia. (Gracias, amigo, Miguel Parra; que haría yo sin ti…)







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