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Opinión - Juan Carlos Tortosa
trabajador autónomo y estudiante de la UNED - 29/06/2013

EL ROCK DE LA CÁRCEL

Almeria 24h
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EL ROCK DE LA CÁRCEL


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“Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados.
El condenado a pena de prisión que estuviere cumpliendo la misma gozará de los derechos fundamentales de este CAPÍTULO, a excepción de los que se vean expresamente limitados por el contenido del fallo condenatorio, el sentido de la pena y la Ley penitenciaria. En todo caso, tendrá derecho a un trabajo remunerado y a los beneficios correspondientes de la Seguridad Social, así como al acceso a la cultura y al desarrollo integral de su personalidad.”
Artículo 25.2 de la Constitución Española de 1978.
La cárcel, prisión, penal, presidio, penitenciaria, trena, trullo, chirona, maco, etc. Son conceptos que definen en la actualidad al lugar destinado para cumplir las penas de privación de libertad impuestas por la justicia o permanecer preventivamente privado de libertad en espera de juicio. Es una aldea con todos los servicios, vivencias y problemas que cualquier otra. Donde conviven personas con diversa formación y gran cantidad de distintas profesiones, cada una de ellas con particulares circunstancias de familia, económicas y peculiares proyectos de futuro. Cada uno con sus creencias religiosas, sus convicciones políticas, aficiones, vicios, así como con distintas inclinaciones sexuales. Personas tan heterogéneas y asimétricas que en un momento de sus vidas y por múltiples circunstancias se ven obligadas a compartir espacio y vida en el interior de un centro penitenciario cualquiera, como el que voy a describir a continuación.
Nos encontramos en un centro penitenciario modular, compuesto por catorce módulos entre los que se encuentran uno de ingreso y preventivos, uno de menores, dos de mujeres (conflictivo y respeto), uno de drogodependientes, salud mental, módulos masculinos conflictivos, pre-respeto, módulos de respeto. Además del módulo sanitario y el socio-cultural que son de servicio, no de residencia. Inicialmente dotado de personal, prestaciones y servicios para ochocientos internos. En la actualidad conviven mil quinientos internos entre preventivos y penados, con medios y presupuestos recortados sobre la dotación inicial (para ochocientos internos). La convivencia y el acceso a los beneficios penitenciarios se someten a un sistema progresivo, regulado por ley orgánica y reglamento, controlado por funcionarios de vigilancia, con programas de tratamiento controlados por un equipo técnico y todo ello bajo el control del juez de vigilancia penitenciaria, encargado de garantizar el sometimiento a Derecho.
Sin olvidar que están privados de libertad, en el más amplio sentido de la expresión, están inmersos en un ambiente continúo de tráfico y consumo de sustancias estupefacientes, con los problemas de convivencia que lleva aparejado, con una tensión constante, por lo que puede suponer involucrarse en algún conflicto y que suponga una sanción, que por pequeña que esta sea, empañará su expediente de progresión hacia los tan ansiados beneficios penitenciarios: el paso a módulos de respeto, su traslado a un centro de inserción social o el tercer grado. Además y sumado a esto está la incertidumbre de los preventivos, que a la espera de juicio desconocen su futuro más inmediato, los penados de larga duración que no aciertan a vislumbrar el final de su condena y los que son o se ven injustamente penados que llevan la carga de su pena de prisión sin poder encontrar explicación. Esta continua presión que ejerce sobre la psiquis de los internos, en ocasiones hace necesario la intervención de especialistas, que por otro lado jamás actúan a tiempo.
En otro orden se encuentra los programas de tratamiento para la reinserción de los internos, compuestos por diversos talleres de lectura, marqueterías, cueros, pintura, teatro, música, preparación para la obtención del Título de Educación Secundaria Obligatoria, etc. Todo ello afectado por los recortes económicos que hacen imposible el cumplimiento de los objetivos de los tratamientos, al ser aplicados sobre una población masificada. Estos talleres son atendidos por internos voluntarios y profesores dependientes de las delegaciones de educación.
Los módulos cuentan con sus economatos, donde pueden adquirir productos de consumo, utilizando para ello medios de pago electrónicos, recargados previamente por los familiares de los presos. Junto a él se encuentra el comedor y el patio interior donde dependiendo de la tipología del módulo, los internos pasaran más o menos tiempo. En las plantas superiores se sitúan las celdas, en las que pernoctan y se asean los internos y donde la intimidad de las necesidades fisiológicas sencillamente no existe. Todas y cada una de estas zonas están lógicamente vigiladas por cámaras de vídeo y la atenta mirada de los funcionarios de vigilancia.
También son habitantes que componen la población de nuestra aldea el personal funcionario, sea cual sea su tarea a desarrollar en la prisión. Afectados por la personalidad propia y su carácter individual, que les hace tener facilidad para cumplir el roll de vigilantes educadores y ejemplarizantes, o por el contrario en ocasiones y dependiendo del carácter personal de cada trabajador, pueden convertirse en atizadores agudos de la presión a la que están sometidos los internos, con episodios de falta de respeto e incluso agresión por parte de los trabajadores sobre los internos, con una clara desigualdad en las consecuencias de estos episodios.
Todas las carencias a la hora de solucionar los problemas son justificados con la falta de medios y presupuestos, desde la falta de atención y seguimiento especializado e individualizado de los internos, como el tráfico y consumo incontrolado de drogas en el interior. De media cada funcionario de vigilancia se encarga de ochenta internos y por poner un ejemplo hay un psicólogo para atender a los mil quinientos presos.
Se produce un agravio comparativo al equiparar la población reclusa de un prisión con otra población cualquiera, en cuanto a datos estadísticos. Cierto es que por citar algún ejemplo puede haber pueblos en España que con más de mil quinientos habitantes no dispongan de un psicólogo o psicóloga, pero hay que tener en cuenta que son población libre, que puede moverse, solicitar la visita urgente y precisa de cualquier profesional y pagar o pedir ayuda para hacerlo ajustada a derecho. Por el contrario, la población que nos ocupa, los internos de una penitenciaría, no pueden ejercer esos derechos de libertad y tienen el derecho que les otorga la Constitución Española en su artículo 15, donde queda regulada la obligación de la administración de velar por la integridad física y moral de los privados de libertad, así como la Ley Orgánica General Penitenciaria que los regula. Destacar también que a menudo se comparan las cárceles actuales con las decimonónicas, para con ello conseguir vislumbrar las mejoras en las condiciones de los internos. Con ello se produce por sistema otro agravio comparativo, dado que la sociedad actual no es la del siglo XIX, ni lo son sus leyes que las regulan, ni entonces existía la garante por excelencia del Ordenamiento Jurídico español, la Constitución Española de 1978.
Para finalizar este resumidísimo análisis de un estudiante de Derecho, que ha tenido la oportunidad de conocer desde dentro, por espacio de tres días junto a sesenta compañeros de la UNED de toda España, habiendo desmontado los mitos que al respecto todos comentamos habitualmente, quiero indicar que con este problemático panorama de superpoblación en las prisiones, de regulaciones legales obsoletas que según algunos expertos incumplen principios generales como el de Jerarquía Normativa y otros; los legisladores actuales plantean una Ley de reforma del Código Penal, que será aprobada por Las Cortes y que sin previo análisis de la situación y sus consecuencias, solo con el objetivo de despertar la simpatía de los votantes. Esta reforma contribuirá a que se cuadruplique la población reclusa en España, todo ello multiplicando proporcionalmente lo expuesto y favoreciendo que lo que ahora son escuelas de delincuencia, pasen a convertirse en facultades universitarias de tan nefasta especialidad pedagógica y calado social. Después de esta exposición ¿alguien sigue pensando que en la cárcel se está bien?
No quiero olvidar de reconocer el gran musical montado por los internos, con medios multiplicados por cero, pero con una gran carga de ilusión y compañerismo. Preparado para despedir y agradecer nuestra presencia e interés por ellos, especialmente dedico mis impresiones a Francis, músico interno, cantante e intérprete musical con su piano, guitarra eléctrica, española, etc. que vio su vida y su carrera musical interrumpidas por la necesidad de encontrar recursos para saciar su drogodependencia, mientras que las personas que le han inducido a esta dependencia disfrutan de total libertad y vida opulenta.

Juan Carlos Tortosa López
Estudiante de la UNED






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